Hoy he visto un rostro feliz. Este rostro humano, otrora triste y cabizbajo, me ha dado una voz de aliento. Femenino y juvenil se ha reconciliado con la vida y consigo mismo. Detrás de este rostro humano y jovial, la vida plasma su misterio elocuente. Entre sonrisas ha dado voz a su felicidad: "hay que vivir el presente".
Como joven actual, este rostro humano no se contradice, mantiene su actitud rampante de vivirlo todo, aquí y ahora. Tal vez no haya un mañana por el cual esperar lo imaginado; la fe es una bestia antiquisíma que es mejor aniquilar. Tal vez no haya un pasado, los contactos con el origen abrasador hay que atenuarlos en la distancia nostálgica.Este rostro humano y juvenil quiere ser feliz aquí y ahora; es feliz aquí y ahora. Pero, ¿hasta cuándo? ¿Cuánta durará la euforia presentista de esta felicidad efímera? He dejado el rostro humano imbuido de su felicidad pasajera, me marcho a mis compromisos mañaneros (rutina agobiante de un pan nuestro de cada día). Dejo atrás el rostro humano, conmigo viene esa sensación placentera de sentarme y discurrir pausado por estos pensamientos que me abstraen del presente, llenando de pasado y de futuro.
Reconciliarse con la vida, decidir ser feliz, dos decisiones que traen mucha paz, aun cuando no se tiene nada que esperar de la vida, la fé da al ser humano algunas veces la oportunidad de no caer en la locura…
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